¿Qué estamos comiendo?

 En uno de mis últimos viajes visité la ciudad de Merlo, en San Luis. Entre las emocionantes excursiones de las que fui partícipe, en una de ellas salí a conocer la flora y la fauna de Merlo. Lo que más me asombró fue la variedad de frutales que crecían salvajemente. Cuando pregunté por la cosecha de las frutas, el guía me contó que nadie los cosechaba, debido a que la paga por tal trabajo era muy escasa, así que, por lo tanto, era alimento que nadie aprovechaba.
Flora autóctona en Merlo.



 En otra excursión, de camino a Concarán desde Merlo, vi cultivos con unas máquinas de riego muy tecnológicas, el guía me dijo que esos eran cultivos de Monsanto, que alquilaba hectáreas de tierra para sus cultivos, y que la gente se peleaba por trabajar ahí por lo bien que pagaban. El guía me lo decía son orgullo y admiración en la voz, como si fuera importante albergar en su ciudad a esta empresa.

Yo en silencio no podía dejar de pensar en cómo la verdadera fruta no era cosechada de sus árboles, y cómo la gente se alimentaba de verduras envenenadas, las cuales con el tiempo, por la violenta forma de cultivo sin descaso, dejaban una cantidad de hectáreas áridas. Y como tales hectáreas eran alquiladas, no compradas, ni siquiera le queda a Monsanto la tierra infértil.




Texto e imagen: Inda Morena.

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